8 mile. De la industria musical al cine

Esta película no debería haber funcionado. Y no lo digo desde el esnobismo cinéfilo, lo digo desde la memoria.

Esto pasa desde Elvis (tantas películas que vi en Tardes de cine o Cine en su casa, de las que me acuerdo poco)

Elvis fue probablemente el primer gran caso de artista musical tan exitoso que el cine dijo: “ok, hagamos películas con él”. ¿Y qué salió de ahí? Vehículos de lucimiento. Películas hechas para mostrar canciones, carisma, sonrisa. Funcionaron en taquilla, sí… pero dejaron una idea peligrosa instalada: que el éxito musical justifica una película.




Después vienen los Beatles, que son mención obligatoria, pero ojo con el matiz.

Las películas de los Beatles no son grandes dramas ni biografías profundas. Son documentos de una época, experimentos pop, cine ligero que entiende su propio fenómeno. No abren el camino del “músico que actúa”, abren el del fenómeno musical filmado. Es otro carril.

El problema es que la industria se queda con la peor lección:
si vendes discos, mereces una película.

Y ahí empieza el desastre. Décadas de cine donde el músico no entra a contar una historia, entra a celebrarse. Películas donde el conflicto es mínimo, el riesgo es cero y el ego ocupa todo el plano. El cine al servicio de la marca.

Por eso aprendimos a desconfiar.
No es prejuicio gratuito.
Es experiencia acumulada.

Porque el éxito no es una historia.
El talento no es una historia.
Tener fans no es una historia.

El cine necesita proceso, fricción, caída. Y aquí el fan también juega un rol incómodo: el fan no va al cine a que le cuestionen al ídolo, va a que se lo confirmen. Y cuando una película solo funciona si eres fan… no es cine: es merchandising pretensioso, caro.

Recién en tiempos más recientes aparece alguien como Lady Gaga, que entiende algo clave: que el cine no es premio, es riesgo. A Star Is Born funciona porque Gaga no llega a imponer su figura, llega a perder control, a mostrarse vulnerable, a ser dirigida. El ego se subordina a la historia.

Y con todo ese contexto, pensemos en 8 Mile.

Un rapero blanco en el peak de su fama.
Polémico, incómodo, odiado por muchos.
Hip-hop, un género históricamente mal retratado por el cine.
Una historia “inspirada en su vida”.

Todo indicaba que esto iba a ser otra más.
Otra película que no necesitábamos.
Otro monumento al éxito.

Había todas las razones del mundo para desconfiar.

Y sin embargo…
8 Mile funciona.

No porque Eminem sea Eminem.
Sino porque la película no se enamora de él, no le habla solo al fan y no confunde éxito con relato. Porque entiende que partir desde abajo no es lo interesante… lo interesante es qué haces cuando partes en desventaja.

Y desde ahí, recién desde ahí, vale la pena hablar de 8 Mile.


by jc30_rock

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